Pajacuarán.-Familias de esta comunidad sufren los efectos de las quemas registradas en el cerro local toda vez que ello afecta su actividad económica y pudiera ser también una estrategia para desterrarlos de estas zonas.

Los cortes de fruta silvestre como ciruela, guamúchil y pitahaya constituyen para decenas de familias el único ingreso durante los meses de abril y mayo mediante la venta y procesamiento de estas frutas que se producen en las zonas cerriles de este municipio. Desde antes de la llamada a primera misa de las seis de la, los integrantes de las familias  alistan los carrizos y cestos para recolectar el producto, para esto, entre sus instrumentos, llevan una dotación de olotes de maíz para quitar las espinas a las pitahayas; en estos grupos se integran hermanos padres cuñados nueras que se reparten las labores; unos recolectan, otros limpian la fruta y seleccionan tamaños en tanto que otro integrante de la familia  recolecta la ganancia recibe el dinero del cliente para, al final de la faena, repartir la ganancia entre todos.

“ Estas tierras llamadas las Ciruelera y las Pitayeras son terrenos antiquísimos, desde épocas de cuando Pajacuarán formaba parte de la Laguna Chapálica; la Ciruelera formaba parte de los terrenos de Don José Mora y del Rio nativo de esta población y fundador de la guerra cristera” explica Omar Herrera, cronista de este municipio quien señala que la variedad de ciruela que se colecta en esta región pudo haber sido introducida desde Cuba, lugar donde durante un tiempo estuvo exiliado Mora del Río.

“Al ver la pobreza en que vivían los avecindados en el pueblo les dejó ese legado del que subsisten muchas familias ya que producto es bien pagado y se exporta fuera del pueblo en cajas de cartón a Guadalajara a Cd. de México utilizando anteriormente el tren y los autobuses y de ahí se revende muy bien sobre todo el guamúchil, de igual forma la pitayera fruto prehispánico da vida en esta temporada a la población y sale fuera a su venta”

 El temporal, que inicia a finales de abril y parte de mayo, deja buen sustento a las familias y los ayuda a completar los ingresos económicos para el sostenimiento de sus hogares “Esto antes de que las chicharras exijan la lluvia con su llanto y termine la producción de los frutos, aparecen en esta zona los famosos mayates o niñitos del agua, del que contaban los ancianos daban su aparición para después del temporal volverse a petrificar esperando solamente la llegada del nuevo temporal al año siguiente” reseña el cronista.

 Las pitayas según tamaño van desde los cinco pesos las pequeñas, mediana a ocho y las grandes a 10 aunque ello depende del lugar de venta ya que  fuera de la población se cotizan hasta 20 pesos o más mientras que por ejemplo, un costal de guamúchil es bien pagado pues llega a costar al comprador hasta 700 pesos y la ciruela se cotiza en 35 pesos por cubeta chica. Sobre el procesamiento y valor agregado que estas familias dan a estas frutas, Omar Herrera explicó que, por ejemplo a pitahaya le dan otros usos como colorante o mermeladas además de la utilización de ciruela para la elaboración de conservas “Los guamúchiles los sacan a asolear para que se conserven por buen periodo”

Después de la muerte de Mora del Río Las tierras se hicieron ejidales pero el núcleo agrario respetó esas áreas: “Sólo sé que apartan su árbol de ciruela, guamúchil y los cactus de pitahayas Con banderas para que no cortes o te demandan;  en realidad los árboles y cactus  no tienen dueño pero estas familias los cuidan desde meses atrás, por eso van en familia, los riegan fertilizan fumigan es como decir ‘Es mi guamúchil’ y si cortas sacan la guadaña y, en bola y a pedradas te corren.

Finalmente señaló que las “quemazones” del cerro han afectado a estas familias: “A lo mejor para sacarlos de ahí pero son muchas familias que dependen de esas fruta”.

 


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