Jiquilpan.

La comunidad artística local se unió a través de diversos foros para rememorar la partida de uno de los artistas plásticos más importantes de este país y cuya relación con su pueblo natal estuvo plagada de claroscuros.

Este primero de febrero se cumple el XIV aniversario de la partida del Feliciano Béjar Ruiz quien es reconocido como uno de los primeros artistas plásticos que incursionó en la reutilización de materiales para la creación de obras en disciplinas como la pintura, escultura y diseño arquitectónicos que le permitieron ganar presencia en ciudades de Estados Unidos, Europa incluso en Israel a invitación del gobierno de aquel país.

Provenientes del municipio de Cotija, la familia Béjar Ruiz, asentada ya en este municipio después de huir del saqueo realizado por el General Inés Chávez García, nunca logró integrarse de manera plena a la cotidianeidad de este municipio principalmente entre las familias de la clase pudiente de Jiquilpan, quienes recurrían regularmente a los que, a escondidas, llamaban “judíos” en busca de préstamos económicos o artículos varios como partituras o instrumentos musicales.

Comerciante de profesión, Feliciano Béjar, padre, logró consolidar un pequeño comercio que, a la postre, sería uno de los referentes comerciales de esta ciudad, la tienda El Porvenir en la que se conseguía prácticamente de todo desde artículos escolares, de oficina, de labranza, albañilería, herrería, artículos religiosos, era ese negocio una miscelánea inmensa que cabía en un cuarto de cuatro por cuatro.

En 1920 Feliciano Béjar Ruiz ve la luz en la que después sería conocida como Tierra de Los Cárdenas, Martín Foley, biógrafo del fallecido artista es una de las personas que con mayor puntualidad describe la personalidad y el entorno en el que se desarrolló uno de los hombres que lograron llevar el nombre de este pequeño pueblo michoacano de las cercanías del Lago de Chapala a las grandes salas de exposiciones de Estados Unidos y Europa; lo describe como nadador, futbolista, pintor, escritos, escultor, reciclador, locutor pero sobre todo  un verdadero visionario.

Uno de los pasajes de la vida de Feliciano Béjar que mejor refleja su carácter, fue la enfermedad de poliomielitis que sufrió durante su infancia y que le fue referida a Foley por Béjar Ruiz pues el artista contaba de su enfermedad, de la apatía de su padre que decía que era la voluntad de Dios, de la entereza de su madre para no aceptar y luchar contra ese destino: “Lo llevaba al molino, que era el único lugar donde había electricidad, para que le dieran toques en las piernas; le enterraba los pies en arena caliente del río y le pagaba a los muchachos del barrio para que le llenaran botellas de hormigas bravas que metía en alcohol para darle friegas en las piernas”. Decía Foley que el mismo Feliciano le decía que caminar era un truco que se le había olvidado por eso cuando aprendió a caminar decía que no quería dormir para no olvidar el truco de caminar.

Desde antes de su fallecimiento, la comunidad artística e intelectual de este municipio ha buscado que el nombre y la obra de Feliciano Béjar sean parte del ideario e imaginario colectivos sin embargo, la relación agridulce entre la familia Béjar Ruiz y la sociedad jiquilpense no ha permitido que esto se logre pues la relación entre Feliciano Béjar y su ciudad natal, estuvo plagada de altibajo, para él Jiquilpan era el mejor lugar del mundo, un lugar en que su padre, además de uno de los negocios más prósperos de la región había logrado establecer también una huerta de café que era el orgullo del artista cuando lo ofrecía en la capital del País en las reuniones de artistas e intelectuales nacionales y extranjeros, al mismo tiempo, Jiquilpan era un pueblo lleno de jiquilpenses, una sociedad estricta y moralista vista desde el exterior pero moralmente relajada cuando se le lograba conocer por dentro.

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