Danza de Los Negros

*Costumbre que recuerda la presencia africana en la región

Jiquilpan.-La Danza de Los Negros es quizá el mejor referente de las costumbres de Jiquilpan, sus máscaras de palo pintadas de negro adornadas con los tocados de pieles y flores de nochebuena, la vestimenta estilo campesino y la música, preferentemente pasos dobles o sones inundan las calles de esta ciudad desde el 24 de diciembre hasta el 2 de febrero de cada año en alusión a la cuarentena entre el nacimiento de Jesús y su presentación en el templo.

A simple vista, pareciera ser una celebración religiosa más como las miles que se registran en todo México a lo largo del calendario: una figura religiosa central, en este caso El Niño de la Cofradía de la Comunidad Indígena de Jiquilpan, unos danzantes, rituales y algarabía popular son los elementos que integran esta festividad; sin embargo para estudiosos del tema como Álvaro Ochoa Serrano, del Centro de Estudios de las Tradiciones del Colegio de Michoacán (CET-Colmich), la danza de los negros pudiera más bien representar la queja velada de las comunidades indígenas de Jiquilpan y Totolán contra los africanos que se desempeñaban como capataces o mandones en la hacienda de Huaracha y que frecuentemente eran utilizados para hostigar a los indígenas.

Desde 1593, cuando se da el otorgamiento de merced de los terrenos de la comunidad indígena de Huaracha a Juan de Salceda se  afectaron vidas y tierras de esta parte de la nación con este otorgamiento de merced que pasó a estancia ganadera y después a una hacienda que en poco más de 32 años logró ser la propietaria de más de 200 mil hectáreas. 

De 1593 a 1900 a base de la compra de otras haciendas y despojo de tierras a comunidades indígenas, la última a la actual comunidad de Totolán, en Jiquilpan en 1900, diez años antes de la Revolución, la hacienda Huaracha-Jocumatlán (Cojumatlán) fue el referente de comerciantes, campesinos y ladrones.

Las haciendas fueron factor determinante de cambios en todos los ámbitos imaginables, desde la actividad económica hasta la regulación en la densidad poblacional y la desaparición de poblados enteros; con el crecimiento de las haciendas en la época inmediata posterior a las estancias ganaderas  vino también una reducción más que considerable de la mano de obra casi gratuita que significaban los indios ya que de 1519 a 1620 la población indígena disminuyó de 22 a apenas un millón de habitantes.

Fue esto, la falta de la mano de obra nativa lo que fomentó de alguna manera la introducción en la Nueva España de gran cantidad de hombres y mujeres de piel más que canela. Si bien, los negros traídos al Nuevo Mundo venían en calidad de esclavos, la Hacienda Huaracha rompió el paradigma y los destinó a labores de control de la cada vez menos existente raza natural del territorio conquistado y para 1800 la población africana en La Colonia se estimaba en cerca de un millón de habitantes.

“Esto, la danza, esto es una representación de la comunidad indígena de Jiquilpan, respecto a los negros de la hacienda de Guaracha (Tenencia de Emiliano Zapata en el municipio de Villamar) de cómo los negros trataban a los pueblos indios de los alrededores”.

Traídos en su mayoría de El Congo, Angola y Cabo Verde, la introducción de negros al antiguo reino de Michoacán comenzó a incrementarse a finales del Siglo XVI y mediados del XVII en la medida en que se intensificaba el cultivo de la caña de azúcar, aumentaban las plantaciones de añil y se establecían más estancias ganaderas; el investigador señaló que la Danza de Los Negros es también una metáfora de cómo el ganado de la hacienda de Guaracha destrozaba las sementeras de los pueblos cercanos a esta hacienda.

De acuerdo a Ochoa Serrano, para 1660 la hacienda de Guaracha contaba con una población esclava numerosa para el servicio de 14 de las 22 casas en  la hacienda y la mayor parte de los esclavos se ocupaba en la casa principal: “Mientras los hacendados, mayordomos y caporales  se echaban ‘con alguna frecuencia en posesión de los terrenos’, los esclavos de San Juan Guaracha los perturbaban (a los pueblos indios) con mucha mayor frecuencia en la posesión de sus mujeres”

Actualmente la danza es diferente a lo que fuera en su origen de acuerdo al investigador este es un fenómeno normal ya que cada generación da a esta danza su enfoque muy particular: “De niño, cuando regresamos a Jiquilpan, me tocó ver la danza cuando los negros chicoteaban y cuando La Cuerita (danzante principal) agarraba parejo, no sólo a los de la danza de los negros sino a la gente; esto fue más o menos en 1950; pero los señores grandes, que me llegaron a platicar que antes era peor, eran más terribles los negros”.

La danza de Los Negros está integrada por varones, de la comunidad indígena de Jiquilpan quienes portan máscaras hechas de madera de árbol de huaje o de palma y visten ropa con botonadura charra; la máscara lleva un tocado llamado montera hecho de cuero de borrego o becerro que es cosida a la máscara de madera y adornada con flores de pascua, que acá se llama Noche Buena.

Los festejos de esta danza en Jiquilpan, a diferencia de la que se da en la comunidad indígena de Totolán, inician el 24 de diciembre con la visita y danza a todas las iglesias, templos y parroquias del municipio y durante un mes y medio danzan en casas de la localidad donde existen mandas.

Esta danza de Los Negros, también conocida como Paseo del Niño Dios, es quizá uno de los principales atractivos turísticos representada por una comunidad que celosamente guarda el origen y el significado de la danza y el simbolismo de los atuendos; poco se sabe en este tema sin embargo, a lo largo de los años, los historiadores han señalado que, quizá, la máscara de madera pintada de negro con vivos rojos y blancos, representa el rostro más que moreno de los traídos del continente africano, la montera, piel de borrego preferentemente blanca, representa el ensortijado pelaje de los africanos en tanto que la vestimenta, pantalón y camisa de charro de faena, y el látigo de mecate trenzado, representan el lugar que ocupaban los negros en la Hacienda de Huaracha, esto es, no eran esclavos destinados a las rudas faenas en cañaverales y trapiches como en el resto del país ya que el látigo denota cierta categoría de mando entre el resto de la peonada.

La tradición dice que…

Además del Niño Dios, uno de los personajes centrales de esta danza es La Cuerita, un “Negro” vestido con un traje de cuero que porta dos pequeños toros de madera en los brazos, es este personaje que, con bufidos y ademanes, dirige al resto de los danzantes y marca los pasos de esta danza que se hace acompañar de sones jaliscienses y pasos dobles interpretados por mariachis o grupos de cuerdas.

El 24 de diciembre la comunidad indígena se viste de Negro, ya para honrar su fe o revivir la ancestral protesta social, anudan sus paños rojos en la barbilla para proteger el rostro de la dureza de la madera, ajustan sus monteras y hacen restallar al aire sus látigos a manera de prueba; las notas del mariachi llenan el ambiente y La Loba Catrina, El Pávido Návido y Arriba Pichátaro se escuchan en las calles por donde habrá de pasar la danza; la comunicación entre ellos no requiere palabras, las indicaciones se hacen a señas o en el mejor de los casos con bufidos como si de una manada de toros se tratara.

Cerca de las cuatro de la tarde, el contingente llega acompañado de sus familiares y amigos a l iglesia de San Francisco, la iglesia principal de la ciudad y culmina el recorrido en la última iglesia de la ciudad y la comunidad indígena espera el nacimiento de Jesús para entregarlo a la primera de las familias que desde antes de terminar el primer semestre del año se ha inscrito en una larga lista para festejar al Niño de la Cofradía, en esa casa se ha preparado ya una choza al exterior del hogar donde se recibirá al recién nacido, se han adornado las paredes y techo de esta choza con cuerpos, brazos y pernas de plata y oro y ricas vestimentas para la figura que es velada durante toda la noche con música y bebidas para esperar al otro día a los danzantes que llegan anunciados por cohetes y música en vivo.

En el hogar donde habrán de bailar se les ha reservado una habitación para que puedan vestirse; llegan con los rostros cubiertos por paños guardando celosamente sus secretos; existe u ritual para cada una de las prendas del atuendo, ritual que solamente conocen ellos, hay mezcal para soportar el cansancio de la danza que es también pagar una manda o expiar una penitencia.

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