Por: Manuel Alejandro Eulloqui Moreno

En la Guerra eres tú o yo, pero en la Política somos tu y yo – Esta premisa ha sido rebasada desde finales del siglo XX y durante el transcurso del siglo XXI, pues hemos visto cómo las fórmulas políticas en diversos países, en mayor o menor medida, se han polarizado, en parte por las grandes expectativas que genera en la sociedad la idea de cambios paradigmáticos, es decir, de ideas e ideales que trae consigo la apuesta por una opción diferente a las prácticas políticas y comportamientos de la clase gobernante que se han implementado durante las épocas de equilibrios políticos, y que indudablemente traen aparejados sus respectivos vicios y virtudes, lo que ha ido agotando al propio sistema, y por supuesto, la confianza de la ciudadanía en general. Estas condiciones se tornan propicias para personas con perfiles políticos que apuestan brusca o abruptamente por cambiar la forma de competir, ganar espacios de poder y gobernar.

Este fenómeno, si bien no es atípico, tampoco debe normalizarse, ya que es precisamente en la política donde el valor que tienen las ideas y proyectos de nación deben confrontarse para coincidir en puntos torales, y no para sembrar animadversiones entre las partes. Si bien no existe una fórmula probada por las Ciencias Sociales que explique cómo terminar con la espiral de reduccionismo-confrontación-polarización política e ideológica, la experiencia empírica si nos permite afirmar que esta espiral es expansiva, y no se detiene si no hay una vocación política conciliadora, que se acompañe de conciencia crítica y autocrítica para llevar a buen rumbo los destinos de una sociedad en su conjunto.
En la sociedad occidental contemporánea la experiencia nos muestra que una vez que el péndulo comienza a alejarse del centro político, bajo la aseveración de “situaciones extremas requieren medidas extremas”, el comportamiento de los electores comienza a volverse antagónico, polarizado y de confrontación, tornándose cada vez más complicado reencausar esquemas de equilibrio político. Ejemplos sobran alrededor del mundo; podemos mencionar, entre estos, el caso de Argentina, cuando Mauricio Macri en el año 2015 representaba una cara diferente del Kirchnerismo que había mantenido el poder político durante doce años, con políticas de expropiaciones, nacionalizaciones y una serie de escándalos políticos que fueron criticados y señalados vehementemente por un perfil que si bien no debería ser considerado como antisistémico, sí debe ser considerado como un perfil alternativo y como un personaje que “soltó el péndulo”, pues las personas a las que sacó del poder a su arribo al Gobierno, fueron las mismas que recientemente lo derrotaron en un ambiente político y electoral muy polarizado.

Si analizamos lo que sucede en países como Venezuela, Brasil, México y Estados Unidos, encontramos que se encuentran en una etapa en la que, en mayor o menor medida, el péndulo se ha ido alejando del centro en el espectro político, lo que será difícil recuperar si no se apuesta por un cambio de paradigma profundo, o como decía Luis Donaldo Colosio, por “Una Reforma del Poder”.

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