El año 2021 será crucial en el futuro político, económico, social y cultural de México. Este año, más que una elección, o más que una serie de elecciones, se juegan cuestiones de vital trascendencia para el país, como lo es el definir el rumbo de la economía de México y las familias mexicanas.
La gran contienda nacional, compuesta a su vez de contiendas grandes y menudas en 30, de 32 estados del país, ha venido generado expectativas en dos grandes polos muy bien definidos que disputarán el poder político y todo lo que viene por añadidura para el bando de los que resulten victoriosos.
Esta opinión, más que filias y/o fobias, es una reflexión al sistema político y a nuestro sistema de partidos, que se encuentran en una profunda crisis en todos los niveles, ya que uno de los elementos “si ne qua non” de los partidos políticos, la oferta ideológica o doctrinaria, parece haberse dispersado o difuminado en el espectro político a manera de ecuación electoral, donde en teoría todo suma, aunque sin ser necesariamente cierto, lo que ha dejado de lado la discusión ideológica al interior de todos los institutos políticos.
Pero la pregunta que podría resultar interesante es ¿por qué son tan importantes los principios ideológicos dentro de los partidos políticos?; pues sin principios que sirvan de guía para quienes buscan detentar el poder político, la actividad política se regiría únicamente a criterio del líder, dirigente, caudillo, iluminado, dictador, tirano, siendo una total contradicción a los principios y causas inspiradas en el liberalismo y el humanismo político que pregonan los partidos, sin que esto represente que los liderazgos formales o informales se encuentren necesariamente comprometidos con estos postulados.
Siendo claros, el contexto que vivimos hoy es causa y a su vez efecto de la falta de oferta ideológica consiente de los partidos que encabezaron los gobiernos y de los que encabezó la oposición. No olvidemos que Vicente Fox fue un ferviente opositor a los gobiernos del PRI, pero la falta de compromiso o identidad ideológica lo llevó a apoyar a Enrique Peña Nieto como candidato del mismo PRI que tanto criticó, lo que constituyó uno de los elementos que generó su expulsión de Acción Nacional en el año 2013, mismo partido que hace poco le invitó a regresar por la puerta grande.
Una gran moraleja de este cuento es que la falta de principios ideológicos de un partido político desembocará irremediablemente en una falta de liderazgos que trasciendan por sus acciones, más que por sus posiciones.
El gobierno que encabeza el Presidente de la República, es preciso hacer mención, que no solo carece de ideología política, sino que es sin duda alguna una administración en la que solo se cree en la palabra del líder supremo, sin importar lo ilógico o contradictorio de su decir y de su actuar, lo que hace doblemente peligroso el rumbo de la política nacional.
La gran contienda debe ser la arena, no solo de grandes alianzas, sino también de grandes agendas que permitan hacer un esfuerzo sistemático de coherencia entre filosofía política y el país, el estado y el municipio que se quiere y se puede ser.

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